Parecía una buena formula, sencilla pero ganadora: juntar en un mismo escenario a varias de las bandas más populares de una escena musical diversa. Sin embargo la formula no obtuvo la suficiente convocatoria como se habría esperado. Ansiosos jóvenes llegaban para formar parte de este concierto denominado “El Carpazo” que anunciaba en el cartel a Sudakaya, Sal y Mileto, Rocola Bacalao y Mamá Vudú, apoyados con la presencia de otras bandas que vienen terciando su espacio a base de ofrecer buena música y ganar muchos adeptos a ella: Humanzee, Cadáver Exquisito y Spitual Lyric Sounds.

El concierto estaba anunciado a las 12h00. Poca gente y poco ánimo a ese momento, es cuestión de 30 a 60 minutos para empezar me dijeron, hasta tanto aproveché para hacer de ciudadano y pararme en una de las interminables filas bancarias. Cuando volví luego de los 60 minutos acordados, el contagiante ritmo de Humanzee ya podía escucharse al unísono con el estruendo de las turbinas de los aviones que pasaban constantemente sobre nuestras cabezas (el recinto del evento esta ubicado al pie del aeropuerto de Quito). (A última hora anunciaron la presencia de la banda Dimitri Bollocks, pero desconozco si abrieron el evento) Me atavié a un lado del escenario y me dejé llevar por las armonías repletas de funk, electrónica y goce que disgregan los Stereo Humanzee, apoyados esta vez con el ex Motozen Alejandro Naranjo en guitarra. Algunos temas conocidos y una actuación mas bien corta, tuvo su toque especial en la colaboración de la banda con las cantantes del grupo Munn, una magnifica canción que arranco algarabía de las cerca de quinientas personas que calculo habían llegado hasta ese momento. Con esa propuesta tan alegre Humanzee están en camino de ser un icono del ritmo dentro esta nueva escena musical.
Cadáver Exquisito desde Guayaquil nos trajo una cortísima performance, trajes con llamativos colores y canciones que de a poco se están insertando en la gente, es la segunda vez que los veo en vivo y siguen pareciéndome una banda con mucho potencial aunque esta vez acusaron un problema con su guitarrista y no sonaron a plenitud, cumplieron sin despeinarse y la gente cantó, fin de la historia.

La primera banda “grande” salía a escena, Sal y Mileto despiertan encontrados sentires, están los nostálgicos (como yo) que los vimos en sus inicios, y está la nueva camada de adeptos casi adolescentes, que buscan mitigar sus arrestos con el poder que es capaz de desplegar este grupo. Un set que se viene repitiendo en sus ultimas actuaciones no me trajo sorpresas, quizá lo único especial fue que pudimos ver a Zak Icaza en la batería, el hijo del único miembro original de la banda de los hornos, el – ahora – cantante Igor Icaza. La inclusión de Zak no solo le da un sonido mucho mas clásico (el estilo del hijo es exacto al del padre, al interpretar con sobriedad, potencia y precisión el instrumento) a Sal y Mileto, sino que le da un atractivo adicional, al ver una nueva generación de músicos y publico mixturándose en uno, y perpetuando esta historia del rock, para algunos un tanto venida a menos.
Exceptuando “Aguanta” que pienso cumplió su ciclo y su cometido durante tantos años, sigo disfrutando de los temas viejos, de hecho el mejor momento fue la interpretación de “Resplandor”, sin embargo pienso que es hora de una renovación en el repertorio, para ello la banda tiene demasiado material de donde escoger, por otro lado los temas nuevos son musicalmente una tromba pero adolecen de ese elemento poético que fue el origen primigenio de la banda (creo que esto ya lo he mencionado en alguna otra reseña). Los “nuevos” Sal y Mileto, son quizá más rock libre que antes, y las canciones históricas aun hacen que la gente tenga ganas de algo de “mosh”, sigo respetando a esta banda como lo que es: leyenda.

¿Qué puede hacer un grupo que tiene casi veinte años de trayectoria y uno de los discos mas influyentes de la escena nacional? Salir y divertirse junto a la gente. Mamá Vudú han llegado al punto de hacer shows sencillos con canciones importantes, que son disfrutables y que dejan satisfecho a la mayoría, incluso esta vez se dieron el lujo de ofrecernos una versión del clásico “Estación Polar” que fue recibido con beneplácito, un show sin sobresaltos y sin monotonía, muy al sobrio estilo que han adquirido los Mamá Vudú, que nos hace pensar ¿Cuál será el siguiente paso en la carrera de la banda, y que horizontes musicales nos depara? El tiempo nos dará la respuesta.
Mientras me daba un respiro en las afueras de “El Carpazo” luego de visitar los stands de comida, adentro se podía escuchar las primeras canciones de Spiritual Lyric Sounds, es impresionante ver como ha crecido la aceptación hacia este grupo relativamente nuevo que mezcla algo de reggae, algo de dub, funk y hip hop. Calculo que para ese entonces, un poco más de mil doscientas personas se veían disgregadas en el interior de la estructura, una gran carpa negra que podía albergar a cuatro mil, coronada en el interior por un escenario lo bastante grande como para mirar las incidencias desde cualquier punto de la estructura. Caía la lluvia en la capital pero en el interior de “El Carpazo” la fiesta se prendía, y los Spiritual hacían cantar a un publico entregado, el hip hop no es el genero que mas disfruto, pero el ímpetu y el carácter de la banda hacen que uno se mueva casi involuntariamente al ritmo que proponen, al fin de cuentas unos saltos, sonrisas, gritos y algarabías a nadie le caen mal, ¿no es así? Spiritual Lyric Sounds amalgaman un público diverso que los apoya incondicionalmente. Buena actuación. El plato fuerte se vino con dos de las bandas con más seguidores en el país, primero fue el turno de Sudakaya que gracias a su reggae style, han cosechado tantos adeptos que se hacen incontables los gritos cuando salen a escena. El cantante, Guanaco, es un frontman probado y con tantas tablas que no le hace falta nada de esfuerzo meterse al publico en el bolsillo, canciones muy recordadas (Súper Girla) y otras un tanto mas nuevas (Salgo) desfilaron una tras otra y nadie podía dejar de saltar, a estas alturas el cansancio me empezaba a atacar y las canciones me empezaban a sonar tan similares que tuve que hacer un stop y darme un espumoso respiro fuera de la estructura, pero no era difícil adivinar que la fiesta continuaba adentro a ritmo de reggae dub y algo de ska. Los años siguen pasando y al contrario de lo que podría pensarse la gente no deja de recordar a Sudakaya, parecen esperar con ansias su siguiente concierto. Y ese mismo fenómeno acontece con la banda que cerro la jornada, Rocola Bacalao.
Un poco extraño no ver a los dos insignes creadores del concepto de la banda más “chimba del país” el guitarrista y cantante Iván Mendieta y el bajista Paolo Moncagata, pero de la extrañeza a lo musical no hay un resquicio de diferencia, la banda suena tan extravagante como siempre y contagiosa como nunca. Hay espacio para el ska, el rock, el dub y hasta la música de “banda” a lo ecuatoriano, hay espacio para los gritos, las vítores, el vacilón y las palabras de “grueso calibre” que a ritmo de la Rocola Bacalao pasan a ser simples “adjetivos”, hay espacio para un repertorio incansable de clásicos y hay espacio para admirar que calidad musical les sobra a este grupo de “freaks” que crecieron con las lides y el calendario sonoro, de tocar tanto y para tantos, que no es nada nuevo ni sorprendente ver como la gente baila y corea todas las canciones por mas descabelladas que parezcan las letras. Cierre del evento, con baile total.

¿Una odisea levantar un espectáculo de proporciones en donde es tan difícil hacerlo? La respuesta es obvia, pero propuestas como “El Carpazo” que llegan a ofrecer un buen espacio, dotado de buena infraestructura, con un excelente sonido siempre serán meritorias. Quizá hubo menos gente de la que se esperaba pero yo asumo que se debió al elevado costo de la entrada; para nuestro medio tomando en cuenta que se trataba de un evento de bandas locales – aunque estas sean aquilatadas – quizá hubiese sido mas sabio bajar el costo del boleto a favor de una mayor asistencia, y repito “quizá”, pues lo dice alguien que siempre fue muy malo con la matemáticas, pero muy alentado para disfrutar la buena música.